y entonces nos fuimos caminando por el campo de cebada, borrachos de tequila y de ilusión, dejando atras el eco de mariachis cantando la canción que yo tarareaba todavía "por un amooor, me desvelo y vivo apasionado, tengoo un amor..." y tu te reias de mi voz aguardientosa y yo de tu risa sobre mi.
yo había pedido esa canción en la fiesta, y media hora después la venían a tocar; fue entonces, cuando te agarré del brazo y encabronada te dije "vámonos, aquí no le hacen caso ni a la novia, bola de borrachos" y nos fuimos tambaleando hasta el campo de cebada, hartos de besos y de estrellas que México había guardado para hoy.
"entonces qué, los mexicanos te seguimos pareciendo unos nostálgicos, unos desmadrosos, unos "chamaquitos?" te preguntaba inclinandome sobre ti y tú te echabas a reir con esa risa que me hace sentir como la espuma del mar; habías aguantado el tequila aunque habías dicho que no lo ibas a beber, y tu estómago ibérico ya lo empezaba a resentir.
yo te abracé, en ese campo de cebada, muy pegada a ti; te dije "te quiero mucho cabrón, en serio que te quiero mucho" y me eché a llorar, más por la mancha de mole que me había tirado en el vestido que por el sentimiento aquel, pero es que yo soy así y hasta una mancha de mole, cuando eres buen pretexto, me hace sentir, amor por ti.
y luego tu camisa, verde de las mangas por las manchas de la hierba en la que nos habíamos acostado los dos, bajo la luna de este hermoso país; brilló como una luna terrestre, en reflejo de la única que en el cielo nos vio besar.
yo te abracé, en ese campo de cebada, muy pegada a ti; te dije "te quiero mucho cabrón, en serio que te quiero mucho" y me eché a llorar, más por la mancha de mole que me había tirado en el vestido que por el sentimiento aquel, pero es que yo soy así y hasta una mancha de mole, cuando eres buen pretexto, me hace sentir, amor por ti.
y luego tu camisa, verde de las mangas por las manchas de la hierba en la que nos habíamos acostado los dos, bajo la luna de este hermoso país; brilló como una luna terrestre, en reflejo de la única que en el cielo nos vio besar.
a lo lejos, sonaban todavía los mariachis, los gritos y las risas, ese aroma que traen consigo los develos de una fiesta mexicana en la que todos cantan su alegría, y tú, me dijsite susurrando en el oido, un poco con risa, un poco con amor "viva México cabrones" y nos pusimos a dormir.
en la fiesta las señoras se reian sin discreción, como marmotas que ya no trabajan si no que se sientan al "chisme" bajo el sol, con alientos a tequila se decían entre si, toda suerte de manoseo de la intimidad marital, y una de ellas con voz maliciosa agregó "ni siquiera se pudieron despedir, ya les urgía la noche de bodas a esos dos".





